Estoy en una cueva y no llevo antorcha, pero es mi propia luz la que me guía hacia el camino de salida. 24-7-03 Shira Bel-la Ayax.
Curiosamente hace unos días, me he visto nuevamente sorprendida. Pues le explicaba a un amigo, la coincidendia relativa de mis primeras palabras filosóficas al ave fenix. Y le explicaba, lo que me contestó mi amigo al pronunciarlas: - Estás loca. Y lo que yo le contesté mencionado arriba de esta entrada, cuando en realidad quería decir: - No se que acabo de decir, pero ya lo averiguaré. No se porqué le contesté con la frase antes mencionada. Pues bien, cuando hace unos días, le expliqué todo esto a un amigo, y me vi sorprendida de nuevo, pues sus palabras fueron muy interesantes para mí, me dijo que mi contestación, es decir, mi segunda frase filosófica, se podría asociar al mito de la caverna de Platón. No podía creer que fuera tan afortunada, y me puse a leer sonbre ello, aquí hos dejo un resumen.
EL MITO O ALEGORÍA DE LA CAVERNA DE PLATÓN
Se trata de una explicación metafórica, realizada por el filósofo griego Platón al principio del VII libro de La republica, sobre la situación en que se encuentra el ser humano respecto del conocimiento. En ella Platón explica su teoría de cómo con cuatro tipos de conocimiento podemos captar la existencia de los dos mundos: el mundo sensible (conocido a través de los sentidos) y el mundo inteligible (sólo alcanzable mediante el uso exclusivo de la razón).
Platón describió en su alegoría de la caverna una vivienda cavernosa, en la cual se encuentran un grupo de hombres, prisioneros desde su nacimiento por cadenas que les sujetan el cuello y las piernas de forma que únicamente pueden mirar hacia la pared del fondo de la caverna sin poder nunca girar la cabeza. Justo detrás de ellos, se encuentra un muro con un pasillo y, seguidamente y por orden de cercanía respecto de los hombres, una hoguera y la entrada de la cueva que da al mundo, a la naturaleza. Por el pasillo del muro circulan hombres portando todo tipo de objetos cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan en la pared que los prisioneros pueden ver.
Estos hombres encadenados no pueden considerar otra cosa verdadera que las sombras de los objetos. Debido a las circunstancias de su prisión se hallan condenados en tomar únicamente por ciertas todas y cada una de las sombras proyectadas ya que no pueden conocer nada de lo que acontece a sus espaldas.
Continúa la narración contando cómo uno de estos hombres es liberado y obligado a volverse hacia la luz de la hoguera, contemplando, de este modo, una nueva realidad. Una realidad más profunda y completa ya que ésta es causa y fundamento de la primera que está compuesta sólo de apariencias sensibles. Una vez que ha asumido el hombre esta nueva situación, es obligado nuevamente a encaminarse hacia fuera de la caverna a través de una áspera y escarpada subida, apreciando una nueva realidad exterior (hombres, árboles, lagos, astros, etc. identificados con el mundo inteligible) fundamento de las anteriores realidades, para que a continuación vuelva a ser obligado a ver directamente "el Sol y lo que le es propio", metáfora que encarna la idea del bien.
La alegoría acaba al hacer entrar, de nuevo, al prisionero al interior de la caverna para que retome su lugar en ella y dando cuenta de cómo se reirían de él sus antiguos compañeros por su ascensión hacia el conocimiento. El motivo de la burla sería afirmar que sus ojos se han estropeado al verse ahora cegado por el paso de la claridad del Sol a la oscuridad de la cueva.
La metafísica subyacente en la alegoría
Ambos mundos son reales, pero el inteligible posee más entidad siendo fundamento de todo lo sensible. Pertenecen a este mundo las esencias o ideas y, de entre ellas, la idea de Bien es fundamento de todas las demás ideas y por ende de lo sensible.
Pero, con todo, esta explicación que nos da Platón no es más que una nota al margen de lo que esta alegoría pretende dar a entender. Eso sí, es necesaria para entender el camino del alma hacia el mundo inteligible.
La metafísica subyacente en la alegoría
La importancia que Platón concede a la educación en vistas a una correcta organización de la Polis hace que dedique una muy importante cantidad de páginas a este tema en La República. Platón llega incluso a diseñar en ella un programa de estudios para tal fin basado en los grados del conocimiento descritos anteriormente.
Es el proceso de formación y educación del rey-filósofo lo que está encarnando todo ese periplo a través de los grados del conocimiento que realiza el protagonista de la historia. Una formación a cargo de los más sabios que han de iniciar todos los ciudadanos y que completarán en la medida de que estén capacitados para el conocimiento.
En la política platónica no hay tal obligación externa encaminada a que los hombres asciendan en los grados de conocimiento, nadie ha de ser arrastrado tal y como narra la alegoría. Si acaso, la única obligación de la que habla Platón en su política es de una obligación moral de todos los ciudadanos para que asuman con responsabilidad el deber de educarse lo mejor que puedan conforme a su capacidad por mor del mejor bien de la polis. Un bien que consiste en ser dirigida rectamente, es decir, conforme a razón.
Los propios alumnos, guiados por maestros mediante el uso de la dialéctica, irán alcanzando por sí sólos los distintos grados de conocimiento hasta el límite que la capacidad de cada uno de ellos determine.
La política subyacente en la alegoría
Las connotaciones políticas que este mito tiene son secundarias o indirectas. De todas las obligaciones a la que es sometido el prisionero de la alegoría, la única que realmente se mantiene en la teoría política platónica es la de que tanto el personaje de ella como el sabio han de ser obligados igualmente a abandonar la contemplación del mundo inteligible para dirigir a sus conciudadanos debido a que ese regreso para asumir el gobierno de la Polis aleja al sabio de la mayor felicidad: el seguir contemplando la idea de Bien. Esta obligación es más interna que externa, su fuerza reside en la responsabilidad que tiene el sabio de cara a la Polis para que ésta alcance su bien, esto es, para que todos los habitantes se guíen conforme a la razón al ser dirigidos por el sabio.
Con todo Platón es consciente de que muy pocos son capaces de llegar al más alto grado de conocimiento. Ello le llevará a proponer que también han de desempeñar la función de gobernar, en un gobierno que es temporal y rotatorio, los que más hayan accedido al mundo inteligible por medio del pensamiento. El motivo de la rotación es limitar en el tiempo la función de gobernar para no hacer más gravosa aún la obligación de desatender el estudio y contemplación de las esencias al hacerla perdurar excesivamente en el tiempo.
